
Estad en guardia, para que nadie os engañe diciendo, “¡Mira aquí!” o “¡Mira allá!” Porque el niño de la verdadera Humanidad existe dentro de ti. ¡Síguelo! Aquellos que lo busquen lo encontrarán.
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Estas palabras son meridianamente claras. Están en el Evangelio de María Magdalena, un Evangelio gnóstico, recompuesto en parte sobre la base de unos pergaminos casi deshechos del siglo II. En esas palabras Jesús no puede ser más claro.
Mira aquí o mira allá es lo que la mente nos está diciendo constantemente. Y no resulta fácil (es casi imposible, de hecho) no dejarse distraer por ella. La mente está todo el tiempo pasando de un lugar a otro, también durante los periodos de meditación. En el zazen somos especialmente conscientes de ello.
De hecho, cuando mi maestro Tangen Harada Roshi me dijo como practicar shikantaza, no entendí gran cosa. Había una traductora al inglés, pero no intervino prácticamente porque Harada Roshi se expresó en esa lengua, que hablaba bastante mal. “Shikantaza es el universo entero” recuerdo que dijo, e hizo una expresión de abarcar el universo con sus brazos. Pero no me dio ninguna pista sobre como hacer shikantaza.
Por eso, cuando me senté luego, me encontré perdido. No sabía que hacer. El que shikantaza fuese el universo entero, no era ninguna ayuda, más bien al contrario, era una especie de desbarajuste mental. Pensar en ello, solo era echar mas leña al fuego de los pensamientos. No pensar en ello era simplemente dejar vagar la mente en otras cosas. De hecho no se ni nunca he podido saber como practicar shikantaza.
Es fácil centrarse en la respiración, especialmente si uno la cuenta. Esa fue mi práctica al principio, cuando empecé con el zen, y contar las respiraciones fue de una gran ayuda. El niño de verdadera Humanidad, el que está dentro, incluso puede aparecer contando contigo, quizás como una simple y pasajera experiencia, pero suficientemente clara. Todo lo que he podido obtener con el Zen son experiencias pasajeras, aunque totalmente claras, algunas de ellas. Y la primera vino, precisamente contando las respiraciones (una vez hablé de ello en un post).
Desde luego, el método que yo aconsejo siempre es el koan. Varias veces, personas que conozco que tienen algún momento de sinceridad, han venido a mí (sabiendo que yo practico el budismo o el zen) y me han hecho a veces preguntas sobre qué hacer para sentirse mejor. Sentirte mejor es lo de menos, les digo, lo que importa es saber quien eres. Y entonces les digo que se hagan la sencilla pregunta ¿Quién soy yo?
De hecho el koan Mu es esa pregunta, aunque quizás de otra manera. Si te preguntas una y otra vez qué es Mu, la atención de la mente se afila hasta llegar a cortar como un cuchillo. Yo lo experimenté, y fue algo que no podré olvidar mientras viva. Cuando el pensamiento empieza a transcenderse, aparece una clara sensación de miedo. Es miedo a la muerte, clarísimamente, como si fueses a irte de este mundo.
De hecho, el niño de la verdadera Humanidad, que tenemos dentro (según dice el mismo Jesús) nos llama y nos dirige de un modo que no podemos imaginar. De hecho, recuerdo que, cuando estaba ya a punto de trascender el pensamiento, y hacerme uno con Mu, lo que impedía que llegase a ello era el propio esfuerzo. Entonces un pensamiento vino a mi mente “no lo intentes tanto, Gerón”
Gerón era un personaje que hacía Jerry Lewis en una película, y era un vendedor que intentaba tanto vender, que al final lo estropeaba todo. Entonces su supervisora le gritaba “¡no lo intentes tanto!” La voz que venía a mi mente me decía eso mismo, y luego solamente decía “Gerooooooooonnnnnnnnn…..” No era un pensamiento en el sentido corriente, puedo asegurarlo ahora. De hecho esa voz interior venía del niño de la Humanidad, el verdadero yo.
La pregunta fue todo para mí. Siempre lo ha sido. La pregunta te la tiene que dar alguien, un maestro. Si no, no la tomas en serio. No es uno mismo el que decide lo que tiene que hacer, sino que es el maestro el que lo hace. Si no, uno cambia constantemente de práctica, va de aquí para allá, y eso es precisamente de lo que nos alerta Jesús. Mira aquí, mira allá… Entonces estamos en un estado de confusión lamentable. Pero si recordamos lo que el maestro nos dijo, volvemos a ello una y otra vez.
Lo último que el maestro me dijo que practicase shikantaza, y eso he hecho durante años, pero llegué al punto de que ya aquello no era práctica, solo estar perdido en pensamientos. Entonces me acordé que Harada Roshi me preguntó quien había sido mi primer maestro, y me dijo que volviese con él. En aquel momento le dije que mi primer maestro había sido Ana María, pero en realidad no era así. Mis primeros maestros fueron los lamas del Tibet. Así que después de estar perdido durante años, hice lo que Harada Roshi me dijo: regresar a mis primeros maestros.
Bueno, ellos ya están muertos, y algunos reencarnados. Ya no se trata de encontrar personas, sin embargo, sino de regresar a los compromisos adquiridos en aquella época, compromisos tántricos. Siempre han estado en mi mente, diciéndome una y otra vez que volviese a ellos, y ahora estoy de nuevo con mi deidad Tara. Es sin duda la deidad que me guía, aunque parezca algo trivial. La deidad Tara es en cierto modo la Virgen María, la madre de los budas. Es Kanzeon en Japón, Kannon en China y tiene otro nombre en tibetano. Tara es el nombre sanscrito, y su mantra OM TA RE TU RE SO HA.
La deidad tántrica Vajrayoguini