Errante por caminos sombríos y alegres, he vuelto a casa

domingo, 31 de enero de 2010

LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS CORINTIOS 12, 31-13, 13


Hermanos:

Ambicionad los carismas mejores. Y aun os voy a mostrar un camino mejor. Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden. Ya podría tener el don de predicción y conocer todos los secretos y todo el saber, podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada. Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor de nada me sirve.


El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume no se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca. ¿El don de predicar?, se acabará. ¿El don de lenguas?, enmudecerá. ¿El saber?, se acabará. Porque inmaduro es nuestro saber e inmaduro nuestro predicar; pero cuando venga la madurez, lo inmaduro se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre, acabé con las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo de adivinar; entonces veremos cara a cara. Mi conocer es por ahora inmaduro, entonces podré conocer como Dios me conoce. En una palabra: quedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres. La más grande es el amor.

Palabra de Dios

………………………………………………………

Hermanos cristianos, budistas o de cualquier otra tradición o ausencia de ella, permitid que me dirija hoy a todos vosotros como mis hermanso, pues hermanos sois, tanto si creeis, como si no. Hermanos son los que vienen del mismo padre y la misma madre. Aquellos que dicen que son hijos de Dios, tienen por padre al mismo Dios, mientras que los que dicen que Dios no existe, tienen por padre el momento mismo en que este Universo sin igual surgió de lo desconocido. De ahí, de ese primer momento y de ese mismo espacio puntual provenimos. Por ello, un día estuvimos muy juntos, tanto que compartimos el mismo lugar, o mas bien, ausencia de lugar. Pero no es de esto de lo que quiero hablar.

La carta de Pablo es preciosa, hoy la oí durante la liturgia de la palabra, que precedió al sagrado misterio de la eucaristía, (el sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo ante nosotros). Ahí Cristo muere por nosotros y resucita con nosotros. He dicho bien, he dicho “con” nosotros, pues nosotros, siguiendo el misterio con la concentración adecuada, podemos morir y nacer con Cristo cada vez. Es triste que las personas que están ante este misterio, pierdan la esencia del mismo por falta de atención. Esa es la primera enseñanza, amigos o hermanos, que el Zen tiene para nosotros: atención. No entrar en una cháchara con los demás, o con nosotros mismos (pues para el caso es lo mismo) y perdernos la inmensa maravilla de lo que acontece ante nosotros. La luz, que brilla en el banco barnizado, enfrene de nosotros, nos enseña mas que toda nuestra sabiduría aprendida en libros.

Pero Pablo nos dice con palabra directas: aun os voy a mostrar un camino mejor. Y ¿Cuál es ese camino? El amor, nos dice. Acostumbrados como estamos a abusar de esa palabra, nos quedamos extrañados. El amor es un sentimiento pasajero, pensamos, una simple emoción que precede al acto sexual en ocasiones. Otras, es un apego profundo a una persona u objeto. Otras, un simple concepto vacío de sentido. Amor ya no es nada, es como orinar en la letrina. Lo hemos desvirtuado, igual que tantos otros términos sagrados que apuntaban hacia lo esencial. Amor, Dios, Padre, Cristo… tantas y tantas palabras pisoteadas hasta el infinito, que ya nada siginifcan para nosotros. Y sin embargo están ahí, vivas, vibrantes de luz y sabiduría, señalándonos un camino preciso hacia la verdad.

Estas palabras de Pablo lo dicen todo:

El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume no se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca.

Hermanos y compañeros de este viaje sin final, que llamamos vida, si llegamos a un lugar en que se cumpla lo que escribe Pablo, habremos conocido esa realidad asombrosa. No es un lugar físico, sin duda, ni tampoco lo llamaría un estado mental o espiritual. Si fuese tal cosa, sería limitado, pero Pablo lo sitúa mas allá de todo límite: “Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites”. No se trata para mi de nada que pueda conseguirse mediante técnicas de meditación, (nada que podamos conseguir de ningún modo, de hecho). Nadie puede por sí mismo llegar a tal cosa, y esto, mis amigos lectores, me atrevo a decir que es algo de lo que estoy seguro. ¿Porqué? Porque he estado ¡mas de treinta años! Buscándolo, sin acercarme a ello ni un ápice.

Pero un día, un pájaro canta y aparece. Sabes que aparece, quizás por pura intuición. Sabes que está ahí porque no piensas en ello. Si pensases, desaparecería en un instante, se esfumaría con todo su perfume de eterno bienestar. No te atreves ni a respirar para que la magia permanezca, cuando tal cosa aparece, y sabes, sabes en lo mas hondo de ti mismo que, grande o pequeño, es un regalo. Un regalo inmerecido. Tú no puedes hacer otra cosa que estar siempre, en cada momento, alerta, presto a recibirlo, nunca buscándolo, nunca pidiéndolo, mucho menos, exigiéndolo.

Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre, acabé con las cosas de niño.

Estas palabras de Pablo, siempre me gustaron. Cuando yo era un niño… Ah, recuerdo tantos momentos mágicos de mi niñez. No hay niño que no viva en la magia de este caleidoscopio infinito que llamamos Universo. Si viviéramos cada instante como lo que es, un regalo inconmensurable, no necesitarímos zazen, ni sutras ni oracón ni eucaristía. Como no podemos hacer tal cosa, ya que sin saber como, nos convertimos en adultos (el pecado original, lo llama la Iglesia, pero yo no lo veo como un pecado, mas bien como un error inevitable), tenemos, para empezar, que purificar todo el mal acumulado, limpiar toda la basura amontonada, limar todas las asperezas, sanar todas nuestras enfermedades (sí, también las físicas), pulir toda la aspereza de nuestro cuerpo, mente, alma, espíritu. Y eso lleva años, sin duda. Vidas quizás. (Es nuestro trabajo, sin duda, nadie puede hacerlo por nosotros).

Ahora vemos como en un espejo de adivinar; entonces veremos cara a cara

No me siento preparado, (si debo ser sincero), para un cara a cara de esa magnitud, amigos. No puedo negar que tal cosa me atemoriza. Si unos minutos de eternidad me deslumbraron de tal modo, que estuve años sin saber por donde iba, ¿qué no será un cara a cara auténtico? Solo pido que suceda poco a poco, y creo mis hermanos y compañeros, que el cristianismo tiene la virtud de ser un camino gradual, sin sobresaltos (o con pocos sobresaltos), un acercamiento tranquilo a la luz de la verdad, sabiendo que Cristo nos guía sabiendo como hacerlo, como el pastor que conduce a un cordero extraviado de vuelta al redil. (No me digais que el destino del cordero es el sacrificio, eso ya lo se, pero lo que va delante va delante, ¿no creeis? jajaja….)

Y ya termino, mis amables lectores, no os canso más, pero dejad que añada las palabras del final de la carta de Pablo:

Mi conocer es por ahora inmaduro, entonces podré conocer como Dios me conoce

Conocer como Dios me conoce. ¡Nada menos! Amigos, hemos llegado al aspecto Zen de este pasaje. El koan. Que cada cual lo trabaje como pueda, y cuanfo tenga la solución, venid a verme a donde me encuetre (que espero sea un lugar apacible y hermoso) y dadme la respuesta. De ese modo aprenderé más y más con vuestra ayuda.

En perpétuo gassho a todos mis amables y pacientes lectores.

Amen.

6 comentarios:

  1. Unsui: Estoy maravillado con tu comentario. La verdad es que me asombra tu plasticidad, que destila veracidad y amor, por cierto. Y desde hace unos días te estoy siguiendo, lo que es un placer, desde luego.

    Si no es abusar, quisiera hacerte una pregunta desde tu experiencia (y no es ningún koan). Verás, yo conocí el Zen a partir de meditación cristiana. Tras meditar repitiendo un mantra quise buscar una práctica más "pura", por explicarlo de alguna manera, y tras un itinerario un poco enrevesado acabé conociendo el zen (el de los principiantes balbuceantes sin excesivas pretensiones). Cuido de mi espiritalidad pero soy nervioso por naturaleza. Y por eso me sirve sin mayores pretensiones. Mi pregunta es: ¿A tenor de tu experiencia, y tras leer tus vivencias, me recomendarías profundizar en el Zen? Reconozco que es algo que me motiva mucho pues lo veo como una forma de "espiritualidad práctica" o de cuidar de la salud espiritual. Soy cristiano y pese a haberme informado todo lo que he podido no veo hasta qué punto me puede servir el zen más allá del zazen (que yo desligo de la oración contemplativa strictu sensu -lo cual es discutible-). Para mí el mayor esfuerzo apunta (siguiendo el hilo de Pablo) a crecer en el amor como praxis cotidiana.

    Te escribo desde la ignorancia y como practicante de una versión risible del zazen doméstico, al menos para un entendido. A veces pienso que esa es mi ventaja: no busco nada.
    En fin, te pido perdón si la pregunta te parece extravagante, y no dejo de felicitarte por tus entradas. Son de lujo.

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  2. Tu pegunta me parece extravagante,de nungun modo. Tu pregunta aparece en mi pantalla como muy sincera, fruto de un esfuerzo continuado de búsqueda por tu parte. Agradezco enormemente la confianza que has puesto en mi y, aun cuando temo no ser la persona adecuada para responder, voy a hacerlo en un sentido amplio.

    Por lo que dices eres cristiano y practicas zen, y entiendo que existe algun reparo por tu parte sobre si es o no posible seguir ambos caminos. El camino, mi estimado amigo, no es mas que uno, y no debes sentir ningun temor de practicar zazen desde tu fe cristiana. Puedo asegurarte que el zen no te apartará de Cristo, aun cuando creas a veces que no te acerca a él, o incluso te aleja.

    El zen no es una filosofia ni una religion en sí mismo. Sentarte sobre un cojin no te convierte en budista, ni siquiera el hecho de practicar con un koan hace de ti tal cosa. El budismo, en general, es ciertamente una religion, pero el budismo zen dista mucho de ser una doctrina o una creencia. En oriente se practica dentro del marco budista, pero esto es tan solo un formalismo. Incluso la recitacion de sutras puede realizarse sin temor, `pues no es una oración a Buda, solo es la forma de alinear cuerpo, y espiritu en una direccion unica. Esa direccion, yo he comprobado que es la direccion de tu verdadera identidad, aquella que verdaderamente te une a Dios. Y esa realidad, estoy totalmente persuadido, que es la Cristo nos señala con su vida entera. Pero en tu caso no hay ninguna necesidad de que recites sutras.

    ¿Como praticar Zen desde la perspectiva de Cristo? Muchos contemplativos catolicos lo hacen ya, algunos incluso dentro de los muros de monastrios de clusura. Dom Ignazio, un monje cartujo, asegura sentarse en la postura del loto durante la lectio divina, lo cual ha sido para mi un verdadero hallazgo. Puedes probarlo tu mismo, sentarte sobre un cojin o una silla o banquito, realizar un tiempo de seguimiento de la respiracion, y luego leer el texto del evangelio del dia, para dejarlo luego a un lado, y volver a tu practica, sin dedicarle pensamiento alguno. Esto es una practica que puede compararse en cierto modo a la practica del koan, sin ser lo mismo.

    Tambien puedes combinar esta practica con la recitacion de una oraicion oral, como la oracion de Jesus, o la recitacion del rosario, que es (segun yo mismo he comprobado) de una fuerza extraordinaria para sanar tu vida. Combinando todo esto con la frecuentacion de los sacramentos, obtendras la guia que necesitas, sin necesidad de ayuda externa. Cristo está ahi esperando una ocasion para manifestarse, espero que ni tu ni yo lleguemos nunca a olvidarlo.

    Un abrazo fraternal, querido hermano en Cristo. Me alegra mucho saber que vienes por aqui.

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  3. Tu pregunta NO me parece extravagante, quise decir al principio, jeje, siento que haya salido sin el "no".

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  4. Gracias por tu comentario, Unsuy. Ja, ja, no hacía falta que precisaras respecto a la extravagancia. ¿Y sabes qué? Me parece muy interesante la práctica que me indicas. Mañana de madrugada la voy a incorporar antes de salir al trabajo. Yo antes leía el evangelio después de meditar, pero bien pensado no se trata de racionalizar el texto sino de abandonarnos a la luz de Cristo.

    Un abrazo para tí.
    Te deseo mucha paz

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  5. Gracias Unsuy por tu blog. También yo coincido en que es un lujo. ¿Cómo puedes transmitir tanto con tan pocas palabras? nace de tu profunda interioridad, sin duda. En mi caminar me he dado cuenta que llega un momento en que es necesario tener un acompañante espiritual. Alguién que, desde su profunda experiencia de Dios, te guíe. Este camino hacia el Amor es tan extrordinario, tan sorpresivo, que necesitamos quien nos anime a seguir en él cuando aparecen nuestras propias resistencias y nos diga ¡Persevera paciente en la espera!.... Y el Amor que se nos ofrece, tan distinto de lo que creemos que es amor, bien merece la pena. Un abrazo.

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  6. He descubierto hace poco este blog y ha sido un hallazgo muy agradable.

    No llevo tantos años de práctica como Unsui, pero en su respuesta a "Oráculo ciego" me atrevería a divergir un poco.

    Afirmar que el budismo zen se practica en Oriente dentro de la tradición religiosa budista sólo como un formalismo me parece un poco atrevido.

    Yo soy un católico que practico zen como discípulo de una maestra zen que también es católica, pero no me gustaría que un budista zen dijera por ejemplo que San Juan de la Cruz o el maestro Eckhart (por otro lado dos de los místicos con sintonía desde el mundo zen)eran dos místicos cristianos sólo a nivel formal.

    También soy consciente que en nuestro mundo occidental quizás somos mayoría los que practicamos zen sin ser formal y explícitamente budistas, pero de ahí a promover un "totum revolutum" de indiferenciación de distintas tradiciones religiosas creo que hay un salto sobre el vacío más bien arriesgado.

    Reitero que lo que he afirmado lo intento decir desde un espíritu de máximo respeto a cada tradición religiosa.

    Hasta la próxima.

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